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Cómo fallar (y porqué es tan importante).

By enero 26, 2021No Comments

Todos tenemos esa imagen en nuestras mentes: el terrible recuerdo de cuando a mitad de la clase el profesor se detiene y nos pregunta algo, lo que sea y sientes como te llenas de nervios aunque sea un poquito, piensas la respuesta unos segundos y llega la preocupación porque puede que estés mal y equivocarse está mal.

Estos pequeños temores de equivocarnos se traducen y traspasan a otras zonas de nuestra vida; la interminable pregunta de “¿y si fallo?” que evita que intentemos probar cosas nuevas y que habitemos nuestra zona de confort porque ahí no cometemos errores, ahí todo es perfecto.

El error más grande que podemos cometer es temer a fallar, me permito citar a una de mis más grandes inspiraciones, Jake el perro:

Justo como lo dice, para empezar a ser bueno en algo hay que ser malo en algo. Sea un deporte nuevo, un hobby, alguna nueva disciplina o cualquier cosa; hay que ser malo y equivocarse muchas veces de formas ridículas para que así vayamos entendiendo poco a poco que sí y que no hacer en ciertas situaciones y poco a poco, sin darnos cuenta, seremos tan buenos como la persona que nos inspiró a comenzar.

El cómo.

Pero, ¿cómo soportar el fracaso y los errores? Muchas veces la frustración vence a la motivación y el miedo a equivocarse pesa más que la emoción de intentarlo y no es suficiente repetir como mantra “estoy aprendiendo”; a veces se necesita un método más tangible para superar esta frustración y tener un mindset de crecimiento y aprendizaje. Escribo aquí abajo algunas ideas que me han ayudado a sobrepasar la ansiedad de equivocarme.

1.- Favorable y desfavorable.

El problema.

Timothy Gallwey, el autor de “Inner Game Of Tennis”, explica en uno de los capítulos de su libro que siempre asignamos a nuestros resultados un adjetivo que no deberían tener. Al intentar algo, juzgamos si nuestro intento fue bueno o fue malo es aquí donde podemos corregir una de las mentalidades que nos llevan al temor de equivocarnos. Juzgar una acción o resultado como malo, crea un ambiente de fracaso en nuestras mentes; comienza con “que mal dibujaste esa línea” y termina en “eres el peor dibujante de todos los tiempos”. Juzgar nuestros errores como “malos” hace que terminemos juzgándonos como personas y perpetua el ciclo de la duda y el miedo al error. De la misma forma, juzgar una acción como “buena” hace que tú mismo rechaces cualquier resultado diferente queriendo siempre replicar el mismo que tú mismo decidiste era “bueno” arbitrariamente. Las acciones y sus resultados no son buenos o malos por sí mismos, nosotros les asignamos esa calificación y solamente buscar ser bueno, cultiva en ti el miedo y la ansiedad de equivocarte.

La solución.

Deja ir las etiquetas y juicios que tú mismo le pones al resultado de tus acciones; cuando cometas un error, no lo titules como algo “malo” o que lo hiciste “mal”, más bien, identifícalo como un resultado “desfavorable” y reconoce los puntos que te llevaron ahí. Deja de observar si haces bien o mal las cosas y sólo haz que fluyan con naturalidad, no te juzgues a ti mismo, sólo observa y analiza tus resultados e intentos como resultados “favorables” o “desfavorables”; “es el resultado que quería o es uno adverso”. De esta forma, el miedo a equivocarnos irá desapareciendo porque lo asimilaremos como una etapa del aprendizaje y no nos concentraremos en esos errores que rompen con la fluidez de nuestras actividades.

2.- Diario de aprendizaje.

El problema.

Como escribí en el párrafo anterior, es más fácil concentrarse en los errores que en las virtudes de tu desempeño, y por eso es sencillo darse cuenta cuando estás cometiendo el mismo error miles de veces y a la vez se hace muy difícil darnos cuenta de todo lo que hemos crecido y aprendido y todo lo que ahora sabemos hacer. La fluidez del aprendizaje se pierde al concentrarnos siempre en nuestros errores, y, justo como en el caso anterior, pensar solamente en lo que puede y ha salido mal hace que nos dé pánico seguir intentando.

La solución.

Toma una libreta y conviértela en tu “libreta de aprendizaje” en ella irás apuntando día con día cualquier cosa nueva que hayas aprendido en tus días de práctica además de todas las mejorías que estés notando respecto a la actividad que estás realizando. Si estás aprendiendo la escala pentatónica, escribe cada paso que has logrado y cuando por fin la tengas dominada. Como extra, tener este diario te ayudará a tener prácticas más enfocadas, efectivas y consistentes. Recuerda apuntar aprendizajes libres de juicios y no tener un gran diario donde sólo dices que apestas.

3.- Date crédito.

¡Celébrate! A pesar de los errores que cometas y lo imperfecto que se vea tu proyecto, al final del día estás aprendiendo algo nuevo, estás creciendo como persona y eso merece todo el crédito del mundo. Festeja cada pequeño logro que hagas, comparte todo tu progreso en tus redes sociales o con tu familia y sigue motivándote a aprender y practicar por el hecho de que te gusta. Como comentamos antes, es muy fácil concentrarse en todo lo que haces mal, y es por eso que mereces reconocer todo eso que haces bien y lo que has aprendido. Al final, verás el gran viaje que has tenido y descubrirás que nunca dejas de aprender.

¿Qué estás tratando de dominar? Ya sea una materia de tus clases, una nueva disciplina o algo relacionado a tu emprendimiento, compártelo con nosotros y dinos qué haces para mantenerte motivado.

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