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En búsqueda del líder

By marzo 13, 2020 No Comments

Todos los acercamientos al tema del liderazgo en los últimos años suenan un poco a lo mismo, de tal forma que tocar ya de por sí la figura puede ser peligroso e incluso un lugar común.

La idea del “líder” que dirige a un grupo de personas hacia una misma meta con entusiasmo nos ha llevado por caminos tan disimiles como los estudios de comportamiento, hasta las fórmulas en las cuáles de manera positiva se nos dice cómo ser un buen líder como si de una fórmula mágica se tratara.

Sin embargo, desde el punto de vista de los negocios y la economía seguimos sin entender bien a bien qué es lo que hace a un buen líder y más aún, cómo se puede generar en los seguidores, en los aprendices o en aquellos que tienen como figura principal a su líder, la cantidad necesaria de herramientas que les permitan desenvolverse con seguridad y autoridad en momentos en los cuales ellos también generen o se vean obligados a ejercer su propio liderazgo.

Éste puede ser el punto de inflexión dado que, aunque ya para el siglo XIX Francis Galton aseguraba que los líderes nacen, no se hacen, los estudios de diversas materias en referencia al tema han promovido diversas acepciones sobre éste los cuales aunque nos siguen llevando a un callejón sin salida, también nos invitan a repensar cuáles tendrían que ser las características de los líderes y a través de éstas encontrar la manera de ejercitarlas si es que existe una posibilidad de hacerlo.

El líder, bajo análisis de los últimos estudios de la última parte del siglo XX, es más un ser humano de acción que de pensamiento; esto nos llevaría inmediatamente a entender que el liderazgo está más familiarizado con la percepción que con el orden del pensamiento lógico.

Nos preguntaríamos entonces si ser líder es cuestión de actitud, de cognición, de entendimiento, de experiencia o ¿qué es exactamente lo que lleva a alguien a resolver los problemas como lo hace el líder?

Porque lo que sí tenemos claro es que el líder es aquel que sabe resolver problemas de maneras indistintas según las situaciones y es capaz de convencer a los otros de que sus soluciones son las mejores, sin embargo, no es en el ámbito del convencimiento donde se encuentra su singularidad sino en la manera en que manejan las situaciones límite a sabiendas de que sus seguidores se sentirán convencidos de que estas soluciones son correctas.

Dado que los líderes resuelven problemas que surgen en un contexto social u organizacional, los estudios más cercanos no indican que la figura del líder tiene una cognición distinta de los demás.

Cuando hablamos de cognición estaríamos hablando de conocimiento y/o información. Pero a la luz de los más contemporáneos estudios también ha quedado al descubierto que esto no es lo único que hace al líder, pues visto más de cerca, lo que identifica al líder en su manera de manejar la información es la manera en que la guarda o la conserva, la organiza y la usa en el momento adecuado.

 

Según la manera en que esto sucede, los lideres han sido clasificados bajo distintos tipos sin embargo no es tampoco éste el único requisito que debe llenar un líder.

La manera de traer a uso lo aprendido o el conocimiento que se tiene es al igual que la solución de problemas, una parte del proceso que diferencia un líder de alguien que no lo es.

En el caso de las neurociencias durante mucho tiempo se tuvo la certeza de que un líder tiene una inteligencia alta, pero no es más importante ésta como la velocidad a la cual se usa dicha inteligencia en combinación con la información. Esto lleva también a hacer del líder un ente con grandes habilidades sociales.

Éstas han sido intervenidas de manera más profunda y se ha llegado a la conclusión que dichas habilidades se encuentran al descubierto en la manera en que éste trata con sus seguidores. Característica importante del líder es la manera en que intercambia patrones de comportamiento con éstos, es decir, el líder es capaz de “enseñar” a sus seguidores el know how del liderazgo que practica.

El líder será siempre alguien que enseña cómo ser líder y es capaz de mostrar las formas de cognición adyacentes a la tarea de dirigir a los suyos conformando una red de “metaliderazgo” a largo plazo, pues al mostrar sus conexiones cognitivas es capaz de ser seguidor y líder.

Seguramente ésta es la parte más compleja de la figura pues entablar un intercambio de roles en favor del discípulo, por llamarlo de alguna manera, es lo que permite que una persona se defina realmente como un líder.

Con estos elementos, las ciencias neurológicas han hallado que los modelos mentales compartidos se vuelven básicos en el desempeño del equipo, sin embargo, tal vez lo que le hace ser diferente es que, así como los momentos de crisis son para su equipo un momento de volcarse sobre los modelos aprendidos, el líder obtiene de esos mismos momentos de crisis un aprendizaje extra que sumado al que ya maneja le llevan a una suma de conocimientos y experiencia que le hacen mejorar.

Esto implica una reconstrucción de la arquitectura mental de éste generando más conexiones que le llevan a desempeñarse aún mejor en momentos difíciles.

En el caso de los seguidores pueden tener modelos, pero no estamos seguros de si su arquitectura mental será capaz de modificarse.

De tal modo que no es la inteligencia como tal la que define al líder, sino que la suma de ésta y la experiencia, aunado a la educación, elemento que también ha sido estudiado como parte del paquete del líder, son las constantes que en distintas situaciones se combinan para generar variables infinitas en las soluciones de problemas.

De manera formal se ha encontrado que el líder no tiene un IQ más elevado sino más bien una alta densidad en las conexiones neuronales lo cual también genera por default un alto potencial de conexiones sociales a través del carisma, el intercambio de experiencias e identificación con los demás.

De manera simple podríamos decir que esta densidad en las redes neuronales nos llevan a ciertas características conductuales como son: el uso del pensamiento divergente, la evaluación de ideas, el análisis causal, la previsión, la planeación, y la sabiduría personal o autorregulación; sin embargo, aún con estas características, nunca podríamos estar seguros de quién puede o no fungir como un buen líder hasta que la situación real no llegue para poner a prueba la solución de problemas en momentos de crisis, el aprendizaje de tales momentos, la forma de darle sentido a estos, y la manera de generar en otros la necesidad de aprendizaje de su propios modelos de liderazgo.

Quizá la forma más simple de verlo sería volver a la descripción del libro de cabecera de cualquier líder de casi todos los tiempos, El arte de la guerra que destaca que el mando de un ejército sólo puede ser llevado por alguien “sabio” y “bueno”; alguien con capacidad de discernir, regularse, y ser empático con el otro. ¿Será esa la definición que tenemos de líder?

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